Mejorar las dinámicas: pianissimo



Ya estaréis cansadxs de cosas tan básicas pero no por ello dejan de ser importantes. A la hora de trabajar cualquier ejercicio, la tónica dominante es hacerlos a una dinámica media tirando a fuerte y luego tocar fuerte en el escenario. Esto, y sé que generalizo, nos lleva a obviar las dinámicas suaves. Yo recuerdo ver a Mark Guiliana hace un par de años en la Sala Clamores, y flipé con lo que era capaz de hacer, sin apenas levantar las baquetas de la batería más de un palmo. En entrevistas y material didáctico comenta que es fruto de la necesidad de poder tocar lo que sea en salas donde la distancia entre su batería y la audiencia es mínima, si es que existe. Para no reventar los tímpanos de los espectadores, es primordial trabajarlo todo tanto fuerte, como ultra suave. Así que os animo a practicar lo que sea que os apetezca (discos, grooves, fills , patrones, rudimentos…) pero sin que la baqueta se separe del parche o plato más de cinco dedos, a ver qué tal ;)


Antes de nada, dejar claro que somos conscientes, y creo que todos los somos porque el coronavirus nos ha afectado, mucho o poco, de alguna manera u otra, a todos. 30+ millones de casos son los detectados (muy difícil conocer la realidad de la pandemia en el tercer mundo donde no hay medios para testar, diagnosticar, tratar, aislar o rastrear….) y contabilizadas ya 1 millón de muertes. Voy a ponerlo con ceros, que va a impactar más. 1.000.000. 30.000 de ellas en nuestro país, o lo que sería tres veces mi pueblo. Y habrá quien piense que esto solo afecta a abuelos ya mayores con alguna condición previa. Y mientras en lo que estrictamente la mortalidad de este virus se refiere, no andan muy equivocados. Sin embargo, un colapso de la sanidad unida a una desaceleración económica equivalente a ir con la bici y chocarte con un coche aparcado traen consecuencias nefastas para todos. Más allá de apenas haber conciertos y eventos, la clase media se empobrece, el acceso a la universidad a corto-medio plazo estará más difícil para aquellos sin recursos, si por lo que sea enfermas o tienes un accidente, te encuentras con UCIs y hospitales colapsados. En Grecia, en la pasada crisis, los suicidios se duplicaron del 2007 al 2009.


Ahora bien, mientras que la mayoría de las consecuencias de la situación epidemiológica que estamos viviendo son negativas, la mayoría no es el total.

Cito textualmente a Coki Giménez, “gracias” al Covid, nos hemos dado la oportunidad muchos de darle un valor añadido a nuestro trabajo. A veces damos por hecho que lo normal es poder tocar la batería y que nada te lo impida, y ahora que por unas cosas o por otras no ha sido tan fácil, y para alguna imposible, sabemos que cada golpe que damos es una suerte, y ese sentimiento de agradecimiento a la vida por poder hacer lo que nos gusta, en cualquier medida, nos hace fisiológicamente más felices. Lo bonito que es tocar para la gente y poder transmitir algo a través de la música es algo que no estaba tan presente después de horas y horas de furgonetas y dormir mal, pero es una experiencia que ahora mismo mataría por ella, 6 meses después de mi último concierto, y no atisbando otro hasta bien entrado 2021, y eso si hay mucha suerte.


Parece que ahora, entrado Septiembre y al borde de la cresta de una segunda ola en España y el resto de Europa, no nos acordamos de lo parado que estuvo todo. Estar en el bar con la mascarilla en el codo , poder ir al cine todos bien separados, o siquiera salir a correr, forman parte de una realidad actual que estaba muy lejos a finales de Marzo. Nos vimos obligados a parar en seco, y eso, pese a todo, puede tener algo positivo. Con quien he estado hablando estos meses suelen coincidir en el valor de haber podido aparcar la normalidad veraniega de bolos y giras y aprovechar para otras cosas. Éstas actividades que han reemplazado la realidad pre-pandémica suelen ser poder pasar más tiempo con la familia (escaparse con tu pareja e hijos un finde de Julio no había sido tan sencillo para muchos músicos profesionales), aprovechar para estudiar más y echarle más horas al instrumento, leer esta revista o escuchar el podcast… o como Rodri Hernández nos contaba, se ha construido su estudio de grabación para poder trabajar a distancia. Y parar nos obliga a dejar esas metas en las que a veces nos centramos demasiado y nos invita a valorar hasta dónde hemos llegado, cómo personas, y cómo bateristas. Mirar atrás y contemplar todo lo que hemos conseguido.


Estarse quieto es muy sencillo, trabajar día por los sueños que uno persigue no es algo que todo el mundo haga. Por esta razón, todo progreso, independiente del tamaño, es digno de admirar, sea propio o ajeno. Si antes del covid habías pasado de no saber qué era una batería a llegar a tocar unos de tus temas favoritos, o llegar a dar conciertos, o empezar a ganar dinero a través de la música, o cualquier objetivo que hayas alcanzado, tienes todos mis respetos y felicitaciones. Y si estos seis meses has conseguido hacer los paradiddles un poco más limpios y veloces, sacado algún ejercicio de la revista, empezado a subir vídeos tocando a insta, etc.… también por supuesto es de aplaudir. Todo el progreso lo es. Y si has decidido desconectar del instrumento, también, porque en un momento en el que mundo está tan loco, la situación social, económica y política es tan compleja y nuestra realidad ha cambiado tanto, no pasa nada por no tener el espacio mental para ser creativo y/o productivo.

Por último, quisiera remarcar que en lo personal, de no haber sido por el covid, muy probablemente <<el groove>> no existiría, y no hubiera interactuado con todxs lxs que estáis leyéndonos y escuchándonos, y por supuesto no hubiese podido charlar con algunos de mis bateristas favoritos. Así que aprovechad lo positivo de esto, que está ahí. Para gente que no hace nada ya tenemos a nuestro ministro de cultura 🤡


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© 2020 por el groove | Carlos Coronado